¿De dónde viene la palabra “droga”?

                                    Por: Dennise Alcíbar

Las palabras nos acercan al pensamiento porque nacen de él, para conocer la relación de un pueblo con su realidad es indispensable saber el nombre que le dan a las cosas, por ello es necesario saber ¿Cómo llegó al español la palabra droga y cuáles son los usos semántico-pragmáticos?

La palabra droga tiene una historia obscura, no sabemos con precisión cuál es su origen, teóricamente llegó al idioma en el siglo XV. De acuerdo con el filólogo Joan Corominas proviene de un vocablo celta que significa ‘malo’ y se utilizaba para denominar a las sustancias químicas o mercancías ultramarinas, el pueblo las miraba con desconfianza y mal gusto.
La RAE sugiere que su origen está en el vocablo árabe hatrúka ‘charlatanería’, en español designa una “sustancia mineral, vegetal o animal, que se emplea en la medicina, en la industria o en las bellas artes”, resulta interesante que en la definición afirmen que es una herramienta, puesto que se “emplea” en algunos campos, además destaca el uso las bellas artes.
Es claro que las aplicaciones no son las mismas en medicina que en las bellas artes, pero ambas acepciones son válidas. La utilidad que tiene en el ámbito del arte se aprecia mejor en la segunda definición “sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno”, las musas llegan con quien sabe invocarlas y parece que les atraen las sustancias, eso dice la voz popular.
Otra definición es ‘medicamento’ de ahí la palabra droguería como sinónimo de farmacia, aunque cada vez es menos usual en el idioma.
La siguientes acepciones son un reflejo del impacto social que ha tenido la palabra droga: ‘actividad o afición obsesiva’, la RAE propone el siguiente ejemplo: “El fútbol es una droga”. Por lo tanto ha dejado de funcionar como herramienta, según las primeras definiciones, para convertirse en finalidad; además ya se trata de acciones, no sólo de sustancias.
En el español de Canarias y México se utiliza la palabra droga como sinónimo de deuda, por ejemplo: “Me endrogué con una pantalla plana” tal vez se relacione con el efecto estimulante que produce una compra. En contraposición, los uruguayos lo entienden como “una cosa aburrida, tediosa o de mala calidad” más cercano al significado primigenio que propone Corominas sobre vocablo celta ‘malo’.
Por último, droga ‘embuste, ardid o engaño’, de acuerdo con la Real Academia ésta definición ha caído en desuso, pero se asocia con el posible origen árabe hatrúka ‘charlatanería’.
Es una palabra que desde los orígenes ha estado asociada con significados negativos, por lo tanto es natural que se haya convertido en un tabú y la forma de lidiar con el tabú lingüístico es el eufemismo, es decir, los hablantes hemos preferido usar palabras alternativas para evitar la mención directa de aquello que calificamos como prohibido, por ejemplo: los caballos, camellos o pericos cambian de significado según la situación en que se usen, y la línea no es sólo la distancia más corta entre dos puntos.

El vocabulario cifrado que se asocia con las drogas provoca un conflicto de significado en la lírica musical ¿quién no ha escuchado una discusión sobre si tal canción habla de amor o drogas? Es comprensible dudar, puesto que ambas situaciones comparten las alucinaciones, la trampa, el éxtasis; la diferencia es que uno es socialmente aceptable y a las otras las seguimos condenando como si no existiesen hace milenios.

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