EL SÉPTIMO DÍA

RONNIE CAMACHO BARRÓN

Apenas dan las 5:30 de la madrugada, mi pesadilla comienza, pues como cada noche desde hace seis días, un trio de demonios emergen del infierno y comienzan a rodearnos con el propósito de llevarse a mí humana.

—¡No de nuevo, ya no más! —grita aterrada a mis espaldas.

—No tengas miedo, esto terminará esta noche — le prometo a la par que me planto frente a ella para defenderla.

Al verme sacar las garras, los seres del averno retroceden, con el paso de las noches han aprendido que no soy cualquier enclenque, los ojos perdidos y las manos destazadas, son la prueba de que este antiguo gato callejero, se convertirá en un fiero león con tal de protegerla.

—Entréganosla —ordena el líder.

—Si la quieres primero tendrás que matarme —suelto un bufido amenazante.

—¡Ataquen, esta noche la niña debe ser nuestra! —

Pronto, mordidas, zarpazos y bolas de fuego comienzan a volar, pero no me amedrento y hábilmente, paso entre las piernas de dos de ellos, rasguño sus pantorrillas para hacerlos caer y cuando los tengo en el suelo, los culmino con una certera mordida directo a la yugular. 

—¡Dante cuidado! —ella me advierte, pero es muy tarde, antes de que siquiera pueda reaccionar, el demonio líder me perpetra una fuerte patada, que me hace salir volando del lugar.

Ahora presa de la gravedad, no controlo mi destino y terminó impactándome de lleno con otra de las lapidas del cementerio.

Mi boca sabe a sangre, apenas si puedo respirar y por mucho que intento levantarme, la sensación de los huesos rotos me impide hacerlo.

—Pensé que ustedes siempre caían de pie —se burla mientras se acerca a mi niña.

—¡Dante ayúdame! —su voz aterrada despierta mi instinto protector y a pesar de mis heridas ignoro el dolor y comienzo a correr hacia ellos.

De un salto trepo a su cabeza y entierro mis punzantes garras en los más profundo de sus corneas, el demonio chilla de dolor y trata de apartarme, pero yo me aferro.

Solo debo esperar un poco más, apenas llegue el amanecer del séptimo día las puertas del cielo se abrirán y el alma de mi dueña tendrá la oportunidad de ingresar al paraíso.

Casi desfallezco, pero logro mi objetivo y cuando los primeros rayos del sol despuntan en el horizonte, las puertas aparecen frente a ella y el demonio que nos aqueja explota en cenizas al contacto con la luz.

—¡Dante! —horrorizada trata de acercarse.

—¡No vengas, entra a las puertas! —ordeno con las pocas fuerzas que me quedan.

—Pero vas a morir y es por mi culpa —sus ojos comienzan a humedecerse.

—Tú me diste un hogar cuando no tenía nada, aunque tuviera mil vidas, jamás me arrepentiría de morir por ti.

Al escuchar mis palabras su llanto se desborda, pero al final obedece y cruza las puertas que por fin le dará su descanso eterno, me alegra saber que aquella bella imagen, será lo último que veré.

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